domingo, 28 de febrero de 2010

Despiértame cuando pase el temblor.



Y mientras intento caminar por mi casa, afirmándome de las paredes, sosteniendo la poca humanidad que me queda y perpetuando la aflicción en mi rostro, me pregunto qué tan necesario será aferrarse a la idea de dios, para sentirse menos débil, con más poder o un poco más a salvo. Por lo menos yo me niego a hacerlo, me niego rotundamente a cerrar mis ojos y recitar la ‘oración’ que mi abuelita me enseñó cuando era pequeña. En mi casa se ha cortado el suministro de luz, y mientras escribo estas inútiles palabras mi madre junta agua y reza el rosario, afuera un personaje en evidente estado de ebriedad grita a los cuatro vientos ‘ENTIENDAN, SU DIOS LOS HA ABANDONADO’ y no concuerdo con él, por qué es imposible el abandono de lo inexistente, esto no es la idea de dios, esto no es el castigo divino, esto es un simple movimiento de placas tectónicas que ha liberado energía y han provocado el consecuente movimiento de la corteza terrestre, simple.

Pero este movimiento telúrico tiene expectante al país, con gente durmiendo en las calles, multitudes desesperadas, ciudades completas devastadas, hombres y mujeres sin esperanza y a mí, pensando en él y su familia.

Hola, mi nombre es Aracelly y me enamoré -olviden esta guebá!- de un penquista. Antes de que todo pasara le habíamos dicho a nuestra Celestina que nuestra única premisa era no enamorarnos, pero acostumbrada a revertirlo todo, tomé nuestra premisa y me la metí en el bolsillo. Así fue como la literatura nos fue encantando y la prensa contestataria se empeñó en juntarnos. Una calurosa mañana Santiaguina nos miramos a los ojos y paseamos por el cerro Huelén; fue la mejor mañana, el nosotros, los demás, su felicidad, el Hotel City, y mis sonrisas, fuimos la perfección; así, hasta ahora, aunque no nos miremos a los ojos, por qué 840 kilómetros nos separan.

Ahora, nos separan 840 kilómetros y las carreteras cortadas, su ciudad aislada y la asquerosa noticia de que el sur de Chile ha sido devastado por el sexto terremoto más intenso de la historia de la humanidad. Nos separa la tecnología, que al fin y al cabo no ha servido de nada, por qué la telefonía celular no ha logrado que me comunique con el muchacho de los ojos verdes. Sí, el planeta ha conspirado para separarnos, pero como diría un gran amigo, ‘el lema es ver lo que une por sobre lo que separa´, entonces, nos une el cariño, mi preocupación y probablemente nos una su desesperación al sentirse incomunicado, también nos debe unir la frustración que siente al no poder comunicar, siendo comunicador, nos une el chaleco que le terminé de tejer horas antes del terremoto, nos une el libro que me regaló, nos une la carta que me escribió – que hoy se ha convertido en lo más leído de la historia mundial- y nos unen los recuerdos, de dos locos felices descubriéndose encontrados.

Pero no basta, por qué no me conformo, por qué aún no se de él, y me desespera imaginar que quizás él no sabe de su familia, no basta por qué me da rabia ver el desayuno en la mesa, mientras por la radio dicen que no hay agua en San Pedro de la Paz. No basta, por qué la desesperación a veces puede más que yo, y no hago más que causar estragos en los nervios de mi madre, mientras lloro tendida en mi cama, aferrada al chaleco gris, que hoy me acompaña.

[Una réplica de seis grados en la escala de Richter se ha registrado en la octava región, más información con nuestro corresponsal en terreno] Miro a mi madre, enciendo el millonésimo cigarrillo e intento recordar sus ojos consolantes, mientras su boca me explicaba que debía partir.

Aviso de utilidad pública: Despiértenme cuando pase el temblor, se hayan restablecido las comunicaciones y me digan que el muchacho de los ojos verdes y toda su familia están bien, despiértenme cuando la angustia sea menos angustiosa y la espera se limite a la nada, despiértenme cuando sepan que voy a dejar de desesperarme a cada segundo. Y si no es así, mejor no me despierten, por qué sin el compañero de mis días se extingue la sonrisa de mi rostro, y sin esa inmensa sonrisa, no quedan más motivos para seguir despierta.

martes, 23 de febrero de 2010

Había una vez


Nunca hubo tanto alboroto en aquella ciudad, los pájaros cantaban las veintisiete horas que aquellos locos le habían inventado al día, la policía hacía bien su trabajo, los bomberos llenaban las piscinas que los mineros habían construido en las calles, y ellos, como siempre eran felices.

Pero como es normal en el ser humano, no pudieron estar conformes con tanta felicidad, y salieron a buscar problemas, así fue como los encontraron, el ambiente estaba agitado, por qué él había soltado la mano de su compañera y ella había comenzado a caminar sola en la dirección contraria. Los pájaros en sus cantos intentaban hacerles entender que debían ser uno otra vez, y los policías arrestaban ladrones para que no hubiese peligro en el camino de la joven, las piscinas se construían para que alguno de los dos cayera y se ahogara, de esa manera, gritaría y pediría auxilio, y así el otro llegaría a salvarlo, y se darían cuenta que no hay nada peor que estar solos.

No fue necesario ocupar las piscinas, de pronto, él comenzó a seguirla, corrió tras ella, y cuando la alcanzó prometió no volver a soltar su mano, ella lo miro con ternura y prometió no caminar en sentido contrario, desde ese momento, todo volvió a la normalidad, y los asaltantes salieron a la calle, los policías volvieron a ser corruptos, los bomberos se embriagaron en los cuarteles, y los mineros comenzaron a exigir un nuevo reajuste. Ellos perplejos ante la realidad, decidieron trabajar en conjunto para lograr un futuro mejor, ahora de la mano forjan un nuevo porvenir y trabajan a diario para ser felices y disfrutarse un poco más, quererse un poco más, coquetearse un poco más, y de esa manera, sentirse un poco más seguros. La noche calló y él tomó el tren de vuelta a su ciudad, ella lo despidió con lágrimas en los ojos, pero sabía que pronto volverían a ser uno, por mientras, ambos trabajarían en sus proyectos personales, teniendo al otro en la mente, usándolo como combustible que se quema para dar movilidad al mundo.

Ni en los cuentos de hadas existe la perfección.

sábado, 6 de febrero de 2010

No More!

Lo admiraba, hasta hoy, cuando mirándome con desprecio dijo 'La respuesta es simple, yo soy hombre, y tu cabra de mierda, eres mujer, yo tengo el poder, esa es mi casa, es mi familia, todo es mío, yo, lo tengo todo, tu tienes nada' Entonces lo mire asqueada y respondí: 'Sí, soy mujer, si esta es tu casa, sí todo es tuyo, pero jamás dirán que mi familia se destruyó por la perversión de mi nieto. Sí gueón! por qué tu familia es una mierda, porqué tu realidad es una mierda, y no quiero ser parte de tu mierda, asquerosa y bastarda, que me despierta en las noches y me quita lo poco y nada que tenía, Sí, soy mujer y estoy orgullosa de serlo, porqué no me trago tu puto machismo y tu cobardía'

Y así se cerró un capitulo más en mi compleja vida. Entonces besé a mi abuela, y abracé a mi madre, le tomé la mano y salimos a caminar, orgullosas de tener lo poco que tenemos y de ser lo mucho que somos.

El viejo comunista, sindicalista y luchador social jamás pudo comprender que su despreciable nieta fuese ácrata, y que apreciara la capucha que encubre actos de coraje y rebeldía, que para los demás son vandalismo. El jefe de familia jamás comprendió lo que era la comunidad, y se encerró solo en su machismo, y se refugió en gritos y los encubrió todo con una cara de apatía que cada día hace que mi aborrecimiento crezca.

Cuando sea grande no quiero ser como mi tata.

Insisto: Su pasividad me da asco!

viernes, 5 de febrero de 2010

Muere Amor, Muere


Y es tan sublime que la muerte sea un tema superficial para nosotros, y entre coqueteos y miradas cómplices le enseñamos a ese pequeño ser humano que la muerte, era un suceso inevitable, casi reversible, y entre carcajadas y cosquillas no era extraño que murieras, y que resucitaras al instante. Pero, ¿Qué es la muerte? Según un sabelotodo la muerte es, en esencia, la extinción del proceso homeostático y por ende el fin de la vida, ¿Y la vida? es lo que sucede mientras te mueres, así de simple, de tal modo que mi misión queda inconclusa, y no tengo mayores ganas de seguir investigando sobre este tema. Puedo reír a carcajadas recordando todas las veces que te he pedido que mueras para extrañarte un poco, para sentirte menos mío. Es que me encantas, y me encanta saber que te tengo, y estoy tan segura de eso, que aveces me entra curiosidad y me gustaría saber que se siente no tenerte, no quererte, que no me tengas y que no me quieras.


Pero, si analizo mi más recurrente enunciado, podré notar que soy la persona más contradictoria del planeta, según los melosos enamorados que suelo odiar, amor significa sin muerte. Complejo! por qué incluso inconscientemente te pido que no mueras, que te quedes, que sigamos siendo, que no fallezcamos. Muere sin muerte, muere. O tal vez es un glorioso canto elevado al cielo pidiendo que te hagas infinito, no sé, no me importa, ahora sólo sé una cosa:


Si algún día llegas a morir, en ese mismo momento me hago gusano, para seguir comiéndote, por qué me encantas, por qué tienes el sabor más delicioso, y por qué incluso bajo tierra, te haré mío.

miércoles, 27 de enero de 2010

Erase una vez, un trauma.



‘Que no entré ese culiao a la casa’ Sentenció mi compañero cuando le conté las intenciones que tenía el patriarca de la familia. Mis abuelos, mis primos, mis tíos, mi mamá y el mundo jamás comprenderán lo que se siente, me gustaría decir que yo tampoco sé cómo se siente, pero lamentablemente no es así. Nadie mejor que yo sabe como duelen la frustración, la rabia, la decepción, la angustia, el asco, la pena, eso y las peores sensaciones negativas juntas, revueltas, escondidas durante meses en mis noches de insomnio, de miedo ¿Dije que me daba asco?. Ya ni hablaba y mi madre se enojaba por qué creía que me estaba drogando, que por eso había cambiado tanto y había dejado de juntarme con mis amigos, creía que iba a la Pintana a conseguir drogas, y estaba segura de qué mi insomnio y las crisis de pánico tenían que ver con el consumo de psicotrópicos.

Estaba tan equivocada mi madre, me conocía tan poco, era tan incapaz de percibir que yo en verdad estaba mal, era tan poca su sensibilidad que ni siquiera se dio cuenta que su extrovertida hija, se había convertido en la sombra de su abuela, en el perrito faldero, que pasaba tardes enteras, en silencio contemplando como las manos de la mujer que ama tejían una red con lana, mi madre jamás fue capaz de percibir lo que pasaba. Recuerdo que una tarde tras una larga conversación, y acostumbrada a la brutalidad, azotó su mano contra mi rostro alegando por qué me negué a ir de compras con él. Mi mamá nunca estuvo preparada para ser mamá, y pensándolo bien, jamás lo ha sido, mi madre, en verdad es mi padre, la persona que trabaja y se esfuerza a diario por mí, por un futuro mejor, la persona que expresa afecto en la incansable preocupación en que las necesidades no existan; pero nunca actúo como una madre, la cariñosa, la que consiente a su hijo, nunca hasta el día en que la verdad se supo.

Mi mamá siempre dijo que si alguien me hacía daño, lo pagaría caro, que si alguien me tocaba un solo pelo con malas intensiones, lo pagaría con su vida, y que no le importaba ensuciar sus manos si tenía que defender su tesoro, tesoro compartido por cierto, por qué mi abuelita - la real imagen materna- decía exactamente lo mismo. Siempre me sentí extremadamente protegida por aquellas mujeres, dispuestas a entregar su vida por mí en caso que fuese necesario. Esa misma protección fue la que me obligó a guardar silencio.

Mi abuelo, siempre fue un machista, así que su reacción lejos de asombrarme me pareció normal y cotidiana, cualquier maricón haría lo mismo, defendería a muerte el honor de su familia, familia encabezada claro, por hombres, y en este caso, defendió a muerte al primogénito de su primogénito, el encargado de perpetuar el apellido. Ahora que voy recordando estas cosas, comienzo a sentir una terrible repulsión en su contra, es tanta la rabia que tengo, que si no fuese por qué amo a mi abuelita, me pararía de esta silla, dejaría el escrito a medias e iría al dormitorio a gritarle en su cara lo poco hombre que ha sido, y lo decepcionada que estoy de él.

Había sido mi mejor año, lo podría incluso recordar con cariño, el dos mil seis, siendo una quinceañera que cursaba segundo medio, participé –como es de esperarse- activamente del movimiento social gestado por los estudiantes secundarios; con demandas tales como el fin del lucro con la educación, y por consiguiente la estatización de esta misma, siempre quise ser pedagoga así que mi lucha iba por el lado del mejoramiento de la calidad en la educación pública y lógicamente, consecuente con mis ideales ácratas ya forjados en aquella época, luchaba por el fin de la Prueba de Selección Universitaria como filtro de ingreso a la educación superior, educación que debía ser liberta y gratuita. El dos mil seis conocí a Camilo y hoy me atrevo a confesar que fue el primer hombre al que quise tanto y de tal manera, mis textos, mis canciones, mis discursos baratos, y también los caros, eran para él, solo para él, y las cosas cambiaron, y pasó lo que nunca debió haber pasado, y pagaron inocentes por culpables, por qué mi rabia se expandió contra el género, no solo contra el que me hizo daño, mi rabia –en verdad- no era contra los hombres, era contra el mundo por ser tan ‘conchesumadremente sucio y asqueroso’.

Sí fue en el dos mil seis cuando crearon mi mayor trauma, mientras unos luchaban por la educación, y otros por la liberación del divinísimo, nadie tuvo tiempo para darse cuenta qué la pequeñagransuperpotencia había sido abusada. Odio recordarlo tan claramente, pero no manejo los asuntos de la memoria, y en las siguientes líneas sólo plasmarán los asquerosos recuerdos que siguen vivo en mi consciencia.

Éramos la hermandad personificada, siempre tres, nos unía la sangre, nos queríamos -se suponía- ella mi mejor amiga, él mi mejor amigo, ambos eran mis primos -sí, lo eran-. Fue la noche del 31 de Octubre de 2006 cuando luego de ir a una tokata se me hizo demasiado tarde para volver a mi casa, entonces, me quedé con ellos. Hablamos largo rato, comentamos la tokata y reímos, como siempre lo hacíamos, esa noche confesamos que nos sentíamos orgullosos de ser tan unidos, tan inseparables, a pesar de las peleas de los adultos, esa noche nos abrazamos los tres, y dijimos que jamás nos separaríamos, porque nos unían los mismos amores: el rap y nuestra abuelita. Esa noche, me cagaron la vida, yo dormía, cuando de pronto escuché sollozos, me preocupe y entre sueños levante la mirada, una figura alta -pensé que era ella, quien nuevamente había tenido una pesadilla y venía a buscar cobijo-, me corrí hacia el rincón de la cama, asegurándole un espacio en la cama, para que no se sintiera tan sola.

Error, comencé a sentir que unas manos subían por mi espalda, y desde allí todo es horrible. No tengo la más mínima intención de relatar con lujo de detalles lo que sucedió, recuerdo un cuerpo sobre mí, labios en mi pecho, y también recuerdo con repulsión como sus manos recorrían mi cuerpo, no sé de donde saqué fuerzas para botarlo de la cama, pero lo logré. Él, se encerró en el baño, yo, lloré estúpidamente esperando que saliera el sol y apenas vi claridad, volví a mi casa, y seguí con mi asquerosa y silente vida.

Mis sonrisas escaseaban y la familia especulaba. Me sentía pésimo y no sabía que hacer, no valía la pena denunciar, no hubo penetración, por lo tanto no habían pruebas, las únicas marcas fueron sus manos que se perpetuaron moradamente en mis brazos y posiblemente saliva, en cualquier parte. Tenía todas las de perder, y perdí.

Se escuchó mi voz nuevamente a los cuatro meses del asqueroso incidente, y no solo la mía, la de mi madre y mi abuela también, estaban enfurecidas, pretendían devolverme la inocencia, pero no me la devolvieron, él ya se la había llevado, él, asquerosamente, él, el primogénito del primogénito.

Por qué el nieto modelo, me arrancó la inocencia y se llevó mi felicidad, me convirtió en una mujer fría y vacía, él, tuvo la culpa de mis más grandes desgracias, el generó los traumas conscientes más grandes de mi historia. Luego de aquél episodio jamás volví a ser la niña tierna y sociable, me convertí en un personaje errante que en la otredad veía siempre la oportunidad de venganza, y así lo hizo. Seduje tantas veces, a tantos hombres, los incentive tanto, coqueteé hasta el punto culmine, y cuando estaban en la cima, yo cambiaba de sentido, y los dejaba, llenos de amor, pagando culpas ajenas, y sintiendo que el torrente sanguíneo avanza más fuerte que nunca, era rutina semanal, casi diaria, adoraba hacerlo, adoraba verlos sufrir, la última vez que ví una cara de esas, fue hace cuatro meses.

Sí, ya no lo hago, por qué me enseñaron a querer, y a respetar. Ya no lo hago por qué el dolor se convirtió en rabia y la rabia ya no tiene venganza. No puedo retroceder el tiempo y borrar esa noche de mi historia, pero si puedo construir una historia nueva, sabiendo que cada ser humano es distinto, y que en todo orden de cosas, lo que el opresor quiere, es que el miedo nos paralice y ante eso, hay que saber actuar estratégicamente, el daño ya está causado, pero puedo luchar por qué a otras no les pase, o por lo menos, que su reacción sea más eficaz.

Y cuando mi abuelo nos comunique que él vendrá a presentarnos a su primogénito, recordando a mi querido compañero, diré con coraje: ‘Ese culiao no entra a la casa’, por qué el suyo, es el único olor que pretendo olvidar, para no seguir escribiendo cuentos, recordando que durmió asquerosamente a mi lado.

domingo, 24 de enero de 2010

Ya no habrá luna de miel


Aquella tarde desperté asustada, temía perder aquello que tanto nos había costado construir, recuerdo que fueron los mejores años de mi ‘vida’, me atrevería a decir que fueron los únicos que ‘viví’ como siempre espere vivir. Ahora, me doy cuenta de lo inoportunas que son estas reflexiones, yo misma me encargué de botar mi felicidad a la basura, todo por la ridícula idea de luchar con el fantasma de la mujer más maravillosa que habías conocido, después de mí, o en conjunto. Sí, fue culpa de mi inseguridad, y sinceramente no vale la pena darle vueltas al asunto, fue bonito mientras duró; y valió la pena tanto esfuerzo.

Entré al baño y me desnudé frente al espejo, me sentí más guapa, tenía más poder, entonces, me di una nalgada que me hizo recordar lo bien que se sentía cuando sus grandes manos acariciaban mi cuerpo, escrutando todos los rincones, en la búsqueda de un nuevo sonido para nuestros gemidos. Desnuda, me dirigí al bar de nuestra casa – la que fue nuestro nido y protegió el amor de la juventud-, reserva 2016, un buen Merlot –río- siempre odiamos las copas, pero aquella tarde, me di el lujo de utilizar una de ellas para borrar su imagen.

Me sumergí en la tina con la copa de vino y un cigarro encendido, cerré los ojos intentando recordarte, pero el olvido fue más fuerte y no pude rememorar aquella conversación en la que confesabas amar mi olor. El agua estaba perfecta, y la espuma hacía que me sintiera como la mejor de las putas, tomando el mejor de los baños, después del mejor de los sexos, pero no, por mi cuerpo solo avanzaron tus manos y en mi entrepierna sólo entró tu humanidad. ¡Qué relajo! Hace tiempo que no me sentía tan libre como aquella tarde que transcurrió sin darme cuenta, conmigo en la tina, intentando que el tiempo se detuviese, por qué, realmente mi fragilidad tenía temor de destruirse aún más en pocas horas, pero el ‘encuentro’ era inevitable, así que decidí apurar el tiempo.

Me puse el vestido rojo que tanto odiabas –recuerdo que cada vez que lo llevaba puesto en público debías enfrentarte a tus amigos que me miraban con cara de deseo, y tú, defendiendo la propiedad privada, te alterabas, tomabas mi mano, subías al auto, y allí mismo nos desatábamos en deseo y pasión-, solté mi cabello y me dispuse a acabar con tu imagen. Subí al auto y supe que me esperaba un largo trayecto. El menor de los Valdivieso, había logrado reabrir el céntrico ‘City Hotel’ y aprovechaste la oportunidad para realizar el lanzamiento de tu último libro.

Una invitación de cortesía me obligaba a estar allí, dispuesta a observar en tercera persona cómo nuestro sueño se concretaba. Entré por Compañía y al cruzar Bandera dejé todos mis miedos atrás y antepuse una rígida coraza a mi tierno rostro. Lo observaba todo con detalles y recordaba la primera vez que el destino quiso que conociéramos aquél lugar, la fachada seguía igual y debo reconocer que sentí nostalgia en exceso. Un gorila de aspecto familiar, abre la puerta del auto y me pide las llaves, sensual, tomo su mano y me bajo, entrego las llaves y le guiño el ojo. Me arreglo el vestido y avanzo a paso firme, al entrar al ala izquierda del edificio, el editor de tus últimos tres libros me saluda amablemente queriendo comerme con la mirada, y me informa que el lanzamiento sería en la azotea, agradezco la información y un botones solicita el ascensor.

Al llegar al piso más cercano al cielo, observé con atención las luces de la ciudad, y vislumbré la que fue nuestra casa por tantos años, fijé la mirada en la concurrencia y comencé a reconocer cada vez más caras conocidas que me sonreían y gesticulaban una calurosa bienvenida, miré alrededor y me pude percatar de que ibas subiendo al escenario, por lo que busqué un lugar privilegiado desde el cuál poder observar tu actuación. Te percataste de mi presencia y no me quitaste la vista de encima, le hablabas a tu público, a tu maestro, nuestro querido Alberto, le hablabas a tus familiares, a tus sobrinas que ya eran unas señoritas, le hablabas a todo el mundo, pero no, yo sabía que me hablabas a mí. Reconocí que tu voz se agravó y supe que lo que venía no me iba a gustar, puse atención y de tu boca salieron las palabras que jamás quise escuchar: ‘Nada de esto hubiese sido posible sin el apoyo de mi amada compañera’. Escucho los aplausos, y ella, hermosa como siempre, se levanta de su silla para recibir la gloria.

La escena me supera, no aprendiste nada, já, compañera… sé que me viste, y que me hablabas, y sé que te diste cuenta cuando decidí partir, y el insoportable niñito proyecto de periodista que quiere seguir tus pasos también me vio. Bajé por las escaleras y al llegar al Hall allí estaba, listo para colapsarme con preguntas, lo saludé tiernamente y sentencié: ‘Querido, sabes que siempre respondo tus preguntas, pero este es un pésimo momento, si quieres nos vemos otro día’ Y avancé dejando al fastidioso periodista rosa atrás. Entré con paso firme al Bar, en el ambiente sonaba un clásico 19 días y 500 noches de Sabina.

Pedí vino, y recordé cuanto lo detestaba, me sentía incómoda, el lugar estaba repleto de jóvenes intelectualoides, y yo, había entrado a los treinta, casi un bulto. Una mano se posó en mi espalda, y la voz grave que aún recordaba me hizo estremecer, mientras a mi oído él susurraba ‘Tan guapa como siempre’, me di vuelta y me abalancé sobre su imponente figura. Me ofreció un cigarrillo y me asombré, claro, habían pasado diez años desde que abandonó la universidad y se fue a estudiar cine a París, acompañado de su pareja, el fiel amigo.

Conversamos largamente, el bochornoso momento vivido en la azotea ya casi parecía olvidado, comenzamos a recordar nuestro pasado, cuando éramos compañeros de carrera, y cada día era un coqueteo interminable, hasta que me enteré de que su mejor amigo, también era su pareja, en ese momento todo cambió y nos convertimos en inseparables. Por eso me asombraba su incesante coqueteo y su forma de tomar mis manos, habíamos cambiado demasiado, él ahora, tenía un aspecto de “rock star” que sinceramente logró cautivarme, y yo, bueno, yo era otra desde que la vida me había dado vuelta la espalda.

‘Vuelvo’. Y me dirigí al baño, arreglé mi vestido, de pronto se abrió la puerta, y allí estaba otra vez, me tomó por la cintura y comenzó el juego. No podía creer que haya cambiado tanto. Dejé de pensar y me arriesgué a vivir la primera aventura. ‘¿Vamos a casa?’ –le dije mientras no paraba de coquetearle-. Con la mano indicó que lo esperara y de su bolsillo sacó un pequeño sobre con polvo blanco, qué en un segundo fue absorbido por su nariz y la mía.

Excitados, llegamos al lugar que había sido el templo del amor de juventud. No me importó, yo estaba caliente, él también. No recuerdo sus caricias, pero si sus gemidos, jamás había sentido tanto, el polvo blanco y la hierba, debieron haber ayudado.

En un caos de placer no me di cuenta cuando ella ingresó al juego, ni a la casa, pero su lengua se lucía y me hacía sentir la reina del planeta, yo solo me entregaba a sus manos, ellos, se besaban, me besaban, los tocaba, nos tocábamos, jalábamos y volábamos, no sé cuantos orgasmos fueron, pero fueron los mejores.

Por la mañana desperté con la cabeza destruida y con una mano ajena en la espalda, mientras ella caminaba desnuda a la ducha, él se acurrucaba en mi pecho. Es confuso, no recuerdo, ya no estaban.

Esa noche volví al bar, pero ya no sonaba Sabina, una banda de abuelos penquistas tocaban una melodía que ya conocía, recorrí el lugar con la mirada, pero ya no estaba. En su lugar, un apuesto veinteañero me invitaba a un trago, fui al baño y el polvo blanco que contenía mi origami volvió a entrar en mi nariz, salí y supe lo que venía; sexo, sexo, sexo y más sexo. Me había convertido en Cassia.


miércoles, 20 de enero de 2010

Tú por mí, yo por ti.


No soy buena para escribir historias mágicas e irreales, llenas de risas, sueños y dos princesas vistiéndose para ir a la fiesta en la que se harían reinas; no soy la mejor inventando cuentos en los que se les ve volando por el aire, siendo las estrellas del show y apropiándose del trapecio; no soy buena para disfrazar la realidad de utopía, no soy buena, soy la mejor. Pero ahora, prefiero contar la verdad de aquellas mujercitas.

El mundo conspiró para que se conocieran y se hicieran una, por un buen tiempo, y dejar de serlo de improviso, sin que a nadie le importe. No son las mejores amigas del planeta y no tienen la intención de serlo. Se aman, lo saben, la pequeña gran superpotencia sabe que cuenta incondicionalmente con la enana de los cabellos rojizos, esa que arregla sus días y su habitación, esa que se amurra y al segundo se le cae la pera, evidenciándole al mundo su descontento.

Se juntan para odiar al mundo por su estupidez, y de esa manera elevar su autoestima, son las mujeres perfectas, lo saben, y aún no comprenden por qué hay tanto tiempo para estar juntas, cuando cada una debió estar entregándose en ese preciso instante disfrutando de las más grandes sinfonías de placer, oliendo el funk, viviendo el funk. Son demasiado perfectas como para perder el tiempo con cualquiera.

Saben que ha valido la pena llevar esas ojeras, no dormir por las noches, desgastar la vista, fumar hasta que los pulmones revienten y comer queques del terror con la excusa de volar más alto, saben que todo ha valido la pena, avances y retrocesos han hecho que estas dos súper mujeres sepan que se tienen y eso es lo que importa.

Odian escuchar que otras canten: ‘Tú por mí, yo por ti, iremos juntas donde haya que ir’, tampoco creen en canciones románticas ni en ese amor infinito, viven el momento, se entregan en la búsqueda de un orgasmo placentero, y son felices, como solo ellas lo han inventado.

Y a pesar de ser la mejor inventando fantasías, he preferido escribir la verdad en este texto con dedicatoria especial, la enana de los rojos cabellos, sabe qué es más de lo que he contado, y que si se cristalizara todo, no quedaría magia.