Puta, Bohemia, Letrada y Rebelde
EL SITIO DÓNDE LA ALTANERA Y FUGAZ QUE SONRÍE A DIARIO, SE DA EL TIEMPO PARA LLORAR Y SER INFINITA, PARA CONFESAR QUE SUEÑA CON NO DORMIR SOLA Y DESPERTAR ABANICANDO TU MIRADA... ESO Y ALGO MÁS.
lunes, 30 de abril de 2012
Tú
sábado, 10 de marzo de 2012
TRIP
Y desde que la luna conspiró a nuestro favor ya nada es lo mismo, la sonrisa en el semblante se ha hecho común y no es extraño verme rondando tu mirada, intentando encontrarte una vez más y reproducir nuevamente las sensaciones más maravillosas, es que tu me das fuerzas para seguir volando. Tengo la certeza de que nuestro viaje valdrá la pena, porque la complicidad que nos envuelve es inigualable, porque tus ojos no me mienten y porque presiento que sobre tu pecho el alma no sentirá frío. Lo digo ahora y lo repetiré hasta el cansancio, no me importa que la magia termine mañana, el presente es lo mejor.-
sábado, 12 de noviembre de 2011
¡Que nadie detenga esta locura!
Mientras el bus salía del puerto y me llevaba de vuelta a la siempre nefasta capital; miré hacia atrás y vi que el sol ya se escondía entre los cerros para juntarse con el mar una vez más y tu no estabas, entonces comprendí que te transformaste en el pensamiento constante, en la despedida infinita, en la ausencia más dolorosa de todas, en el anhelo de un abrazo completo, en estas ansias por encontrarte caminando por alguna curvada callejuela. Pero otra vez no estás y como siempre te siento más dentro que nunca, entonces, juro una y otra vez que vale la pena pensar tu sonrisa, tus ojos expresivos, tu perfecta nariz, tu espalda ancha y tus brazos firmes que intentan sujetar la poca humanidad que nos va quedando, porque si no te pensara cariño mío, si mi integridad no supiese de tu existencia, éste amor por las casas a punto de caerse de los empinados cerros no tendría sentido y nada justificaría ésta locura, ésta hermosa locura que me hace viajar a tus confines para sentir lo nuestro una vez más.
Si no supiera tu nombre, cariño mío, no sabría a que huele la felicidad, ni como se sienten las mañanas esperando juntar nuestras miradas, ni cuánto amor hay dentro para entregarte incondicionalmente. Si no supiera tu nombre, cariño mío, no sabría reconocer el mío en un suspiro agobiado. Y es que me he convertido en lo que soy cuando nos completamos y es maravilloso, sí lo es, porque nada me hace más feliz que gritar tu nombre a los cuatro vientos contemplando tu mirada que pide a gritos que no le cuente al mar el secreto de tanta felicidad. ¡Ay! Cariño mío, si no pudiese gritarle tu nombre al puerto, ésta ciudad creería que la amo a ella, pero acá hay solo una calle para mí, solo una casa, solo una puerta y solo una sonrisa que me llena de vida, acá no hay nadie más que tú y tu maravillosa presencia.
Entonces, aunque el bus avance en el sentido contrario de mi felicidad, miro hacia afuera con el semblante sonriente y te nombro una vez más, para recordarle a mi demente espíritu que por nosotros cualquier esfuerzo vale la pena, y sin pensarlo le vuelvo a gritar al mundo: “Que nadie detenga esta locura”
domingo, 7 de agosto de 2011
eternamente.-
“Desde niña me han gustado las plantas y sobre todo las flores, de los pocos años que fui al colegio recuerdo las poesías y los cantos, el esmero de mi maestra por conseguirme un delantal y los juegos con mis compañeras en la casa que formaban las bellas hortensias… luego mi tía me sacó de la escuela porque creía que sólo aprendería a escribir cartas de amor, si mi abuelita hubiese estado conmigo yo sería muy inteligente… ¡Ay! Cuanto amé a mi abuelita, ¿Y cómo no amarla? Ella lo dio todo por mí, hasta el último de sus días” (mamá)
Jamás podría olvidar nuestras conversaciones al calor del fogón de la cocina, es que la sazón de la comida diaria la daban las anécdotas de su vida, las largas historias contadas con lujo de detalle, las lágrimas, los cantos eternos, los chistes y nuestra compañía. Solíamos pasar horas en aquél lugar hablando de la vida, riéndonos de las locuras del tata o cantando a dúo. Recuerdo que mi mamá le dejaba una lista de palabras pegadas en el mueble para que ella me las dictara y yo era tan feliz, porque ella se sentía orgullosa con cada acierto gramatical mío… pero cuando en el mueble habían operaciones matemáticas ambas sabíamos que debíamos alargar la conversación lo más posible para que la hora se pasara volando y las operaciones no tuvieran solución.
Cada mañana subía a mi dormitorio con una vasija llena de agua tibia y me decía: “Ya huachita, a lavarse la cara y levantarse porque vamos a hacer el almuerzo” y yo comenzaba mi día de lo más sonriente porque sabía que luego del lavado venía el peinado, y mi mamamama siempre fue la más delicada con mi larga y enredada cabellera. Con sus manos tiernas dividía mi pelo en dos partes y sus dedos corroídos por la artritis trenzaban, mientras cantaba una canción o me contaba las locuras que mis primos habían hecho mientras yo estaba en el colegio. A la hora de almuerzo ambas sufríamos porque el tata se enojaba cuando yo no comía la carne y ella, siempre tan parsimoniosa me explicaba que en África habían niños que se morían de hambre, claramente yo contestaba alguna tontera justo cuando mi mamá llegaba a la casa y el almuerzo terminaba con un reto gigante, una pequeña llorando y con mi mamamama retando a mi mamá por hacerme llorar.
Así recuerdo mi infancia… repleta de ella en cada rincón. ¡Ay! Cuanto amo a esa mujer chiquita que me canta y me hace feliz, cuanto sufrí cuando partió a vivir al litoral para descansar de esta asquerosa ciudad, cuanta falta me hacen sus cariños en la cabeza, cuantas veces he gritado su nombre esperando que llegue de improviso a la casa y haga arroz con leche para comer antes de dormir la siesta.
La mamamama no se imagina que esta mujercita es lo que es gracias a ella, la mamamama no sabe que aún recuerdo cómo brillaron sus ojitos aquél día en que dejé de llamarla mamamama para llamarla Mamá… pero ella está a punto de saberlo. Sin embargo, el mundo jamás sabrá de nuestro pacto de amor eterno, de nuestras cartitas y nuestros secretos, y aunque el mundo lo sepa, jamás podrá comprender que amo a esa viejita chica más que a todo lo existente y que por ella me levanto cada día, por ver sus ojos brillar una vez más al contemplar mi rostro diciendo “Lo logré mamá: Acá está la mujer que prometí ser; Libre e íntegra, con convicciones y sueños”
martes, 31 de mayo de 2011
El Fluir de la Consciencia

Hace varios meses que he estado auto-censurándome, la dinámica es la misma cada vez que intento escribir: Abro Word con la mente llena de historias e ideas mágicas para plasmar en papel, escribo dos o tres líneas, me desánimo pensando que al escribir estoy trasgrediendo mi privacidad y cierro la ventana sintiéndome frustrada. Es como si hubiesen cortado mis alas, esta sensación solo se compara al dolor que siente un cantante que ha quedado mudo…
Por suerte lo mío es pasajero y hoy estoy dispuesta a romper las cadenas que ataban mi mente. La verdad es que hoy no hay historias de romances furtivos, revueltas sociales, paseos por el puerto ni amores inclaudicables. En éste preciso instante sólo hay insomnio y relatos en primera persona.
Hace tres años, en ésta misma fecha contaba los días que faltaban para terminar el colegio y por fin dejar atrás la rutina escolar. Es que nunca he sido muy dada a los estudios impuestos, soy más bien autodidacta, y cada vez que me fijaban una prueba y me leían los contenidos que debía estudiar se comenzaba a engendrar en mí un odio generalizado hacia la institución escolar, y no sólo eso… Odié casi todas las mañanas en las que debía despertar para ir el colegio usando un jumper incómodo, y digo casi todas porque a pesar de mi aversión por la escuela y quiénes la componían cada miércoles desperté de buen humor sabiendo que en medio de la semana administrativa había un rincón para echar a volar la imaginación.
Si mal no recuerdo, las cuatro primeras horas pedagógicas de cada miércoles tenía clases de Lenguaje y Comunicación, divididas entre taller P.S.U y la asignatura como tal. Creo que “el ramo” me gustaba porque era uno de los pocos en el que yo destacaba como un plumón dentro de un estuche lleno de lápices, quizás esa sea una falacia y yo era mediocre como el resto, pero qué más da, quiero creer que era una estudiante sobresaliente.
Me entretenía haciendo los ejercicios de las guías P.S.U porque terminaba antes que el resto y esperaba que Ingrid terminara para hacernos gestos ridículos con la cara, hasta que la profesora nos decía que por favor nos detuviéramos ya que distraíamos a las demás compañeras. ¡Qué clases Aquellas!
Cuando salí de cuarto medio y me enteré de los mágicos resultados obtenidos en la Prueba de Selección Universitaria no lo dudé ni un segundo y postulé: “Pedagogía en Historia y Geografía” fue mi primera y única opción… claramente postulé a distintas universidades comenzando por el ex-Pedagógico para completar las 8 postulaciones que ilusamente creí eran obligatorias.
No evoco estos momentos porque quiera volver al Colegio ni porque extrañe a mis compañeras… no he relatado azarosamente esta serie de acontecimientos para lograr que la lectura se haga tediosa y ustedes digan “Sí, está bien. Esta demente volvió a escribir. Un aplauso para ella”. Me he dedicado a contarles esto porque necesito que sepan que ésta iba a ser una noche normal; mi madre cerró el negocio a las 10 y se fue a su casa, yo preparé una limonada caliente y subí a mi dormitorio creyendo que la bebería y me quedaría dormida de inmediato. Para mi sorpresa, nada salió como lo planeaba y luego de beber la limonada, me dispuse a dormir, en ese mismo instante un montón de pensamientos e imágenes atacaron mi mente… fue el fluir de la consciencia en la praxis misma.
¿La imagen más repetida? ¡Qué locura! Mi querida profesora de Lenguaje y Comunicación, con su blusa color Calipso y sus pantalones negros, tal y cómo iba vestida el día en que nos enseñó las técnicas literarias. Con cuánto cariño explicó una y otra vez qué era el fluir de la consciencia, cuántas veces la escuché respirar hondo para continuar explicando, cuánta ternura tenían esos ojos grandotes que nos miraban desafiantes…
¿Qué sucedió después de eso? Bueno, después de eso comprendí porque gasto mi vida estudiando Pedagogía en Historia y Geografía. ¿Acaso no está claro? Siempre he amado la historia, pero más de alguna vez coqueteé con la Literatura. La mujer de los ojos grandes y la sonrisa amplia me enseñó el verdadero significado de la pedagogía y vislumbrando que jamás la superaría en su área opté por pasar largas horas de mi vida estudiando el pasado e intentando, al mismo tiempo, que el presente no se me escape de las manos.
¿El significado de todo esto? La consciencia no me dejaría tranquila hasta que no recordara lo mucho que amo a la Literatura y lo triste que se sentiría mi querida Paula al ver que yo misma me he coartado todo este tiempo.
El día no podía acabar igual que los demás: Con una hoja en blanco y una muchacha frustrada. Hoy le he dado vuelta la mano al destino. No sé por qué motivo justo hoy se ha asomado su sombra en mi memoria, sólo sé que la extraño muchísimo y que no puedo dormir, ya que extrañarla y dormir no son actividades complementarias.-
viernes, 21 de enero de 2011
Esperanza
Cuando supe que la Esperanza venía en camino, fui la mujer más feliz del mundo, los problemas vinieron después; la decepción de la familia, los sueños a medio terminar y las miradas en la calle, a nuestro favor estaban la felicidad de su papá, el apoyo de los amigos y el cumplimiento de mi mayor deseo. Nunca pensamos que seríamos tan buenos padres, siendo tan mala pareja, pero pudimos hacerlo, al fin y al cabo sí había amor, la Esperanza nos demostró eso.
Nunca fuimos la pareja perfecta, desde el principio nuestra relación fue tormentosa, pero algo me decía que a pesar de los problemas debía continuar intentándolo. Su familia me adoraba, decían que cuando él estaba conmigo se metía en menos problemas; y mi mamá declaraba que él era mi hijo, no mi compañero. Luchamos harto para estar juntos y la verdad es que la Esperanza fue más premeditada que el golpe de estado. Él siempre me decía “Tu vas a ser mi mujer toda la vida, y para asegurarme de eso, te voy a dejar embarazada, y si algún día nos separamos, no podrás escapar de mí porque te haré el amor cuando vaya a ver a nuestro hijo” y luego de eso reíamos a carcajadas, su mirada se clavaba en mis ojos y más seriamente decía “En verdad quiero que seamos papás”.
Dejé de tomar pastillas en Abril, queríamos que la Esperanza naciera en Febrero, el mes que nos conocimos en las Heras y nos enamoramos en la casa vieja.
Así fue, nuestra hija nació en Febrero y es cómico porque tenemos celebraciones de cumpleaños los tres primeros meses de cada año; primero yo, luego la Esperanza y en Marzo él, entonces el primer trimestre es el más dulce, regalón y significativo del año para nuestra mini familia.
Somos felices, nos queremos harto y nuestra hija ilumina todos y cada uno de nuestros días. Crecimos juntos y maduramos juntos. Nos hemos equivocado mucho, pero también hemos sabido arreglar nuestros problemas en conjunto. Creo que un hijo, más que una bendición, una luz de vida, y todas esas cosas cursis, es un ser humano que necesita vivir plenamente feliz y libre, no hacer como que vive y aparentar felicidad, en ese sentido, los padres aprenden a hacer felices a sus hijos a base de ensayo y error. Hay padres malos... más malos que la mierda... pero hay padres que son pulentos... como nosotros, porque la Esperanza nos lo dice a cada rato, porque su sonrisa es la más bonita y porque siempre la quisimos... desde el día en que el mundo conspiró a nuestro favor (…)
Bonita historia, ¿Cierto? Lamentablemente las cosas no fueron así y a pesar de que él y yo la esperamos desde siempre, nuestros arrebatos jugaron en contra, los problemas de la cotidianeidad desgastaron nuestra relación y terminaron por destruirla. Cada uno tomó su camino y la Esperanza quiso llegar en el peor momento. Me dolió demasiado tener que hacerlo… fue la decisión más difícil que he tomado… pero acostumbrada a ir en contra de la corriente, decidí que debía seguir su camino… todas las noches pensaba en cómo sería nuestra vida juntas, mi mejor amiga y mi mamá estaban chochas preparándolo hasta el más mínimo detalle. A pesar de todo, queríamos que llegara pronto, pero mi hija me ama tanto que prefirió alojarse en el sector incorrecto de mi útero y esperar el momento más adecuado para hacerme la mujer más feliz del mundo… me costó superarlo, pero sé que hay acertijos del destino que son imposibles de descifrar.
Su futuro padre, el porteño, y yo sabemos que algún día nuestros caminos se volverán a juntar para que llegue la Esperanza a nuestras vidas, por el momento… estamos trabajando para ella.-
jueves, 4 de noviembre de 2010
"Defender la sonrisa, a punto de llorar"
Cómplice del desatino, bajando en espiral, buscando horas perdidas en la búsqueda de lo imposible, improvisando palabras e hilando malas ideas me fui perdiendo en el miedo, la frustración y esa compañera que no abandona… creo que le llaman soledad. Entonces empecé a disfrutar esos momentos en los que me refugiaba en la mismidad de un sueño sin cumplir y el resto importó cada vez menos.
Dicen que cuando me di cuenta ya era tarde y el mundo entero había abandonado las utopías por considerarlas carentes de efecto inmediato. Entonces me sentí culpable (en cierta medida) de una situación generalizada de desánimo y conformismo, accionista del pesimismo enraizado en los semblantes cansados y constructora de un mundo en el que la rutina consumía día a día un poco más los cerebros de aquéllos autómatas llamados seres humanos.
Acostumbrada a cuestionarlo (casi) todo, volví a darme un tiempo para pensar, para pensarme, ésta vez como parte de un todo, pero no de cualquier todo, me pensé como parte de un todo que no me convencía, que no me gustaba y que por sobre todas las cosas que no me hacía feliz, parte de un todo egoísta, avasallador, miserable y convulsionante.
Esperé, me senté día a día a observar la realidad, vi como las personas se sumían en sus problemas sin importar que la otredad también los tuviese, vi como las sonrisas comenzaron a escasear y los abrazos se fueron agotando poco a poco, pude presenciar la falta de caricias y la abundancia de besos sin sentido, besos como medio de pago, besos para el reconocimiento social. Observé cómo nos observaban, fue asquerosa la escena, un todo superior anotaba cada caricia para luego, enviar una multa al acariciante y al acariciado. Los golpes, las malas palabras, los vicios (y prejuicios) se volvieron cada vez más comunes, cada vez más naturales y propios de éste “nuevo mundo”.
Entonces, recordé antiguas conversaciones con los amigos, conversaciones cargadas de idealismos y convicción, recordé un pasado que no distaba mucho de ésta absurda realidad, pero que soñaba con cambiarla para construir un futuro mejor. Recordé las palabras que mi abuela pronunció en el sillón mientras me hacía cariño, alguna vez, hace mucho tiempo atrás: “Defender la sonrisa, a punto de llorar”. Y en ese mismo instante encontré la clave: “Subversión”, en el más puro sentido de la palabra.
Sub- versión; implica la creación de una versión y visión diferente de las cosas, por debajo de la versión oficial impuesta por el poder y vociferada por los poderosos. A diferencia de lo que éste “todo superior” (desde ahora en adelante llamado poder) nos quiere hacer creer, subvertir la realidad es darle un sentido distinto a ésta misma, lo que no implica necesariamente trastorno, revuelta ni destrucción. Subvertir la realidad es cuestionarse el orden presente y llevar a cabo acciones que sean benéficas para los nuestros, aunque estas resulten perjudiciales para el poder.
Y como los golpes y la violencia se habían convertido en la principal arma de los poderosos para mantener enajenados a los míos, no era posible responder de la misma manera, el status quo ya era violento, de modo que más violencia no solucionaría nada, o casi nada en el plano de las mentalidades. Lo que faltaban eran besos de verdad, abrazos, gestos, miradas y caricias sinceras. “La subversión de la sonrisa” fue el plan.
Comencé por despertar más temprano, por la mañana luego de bañarme y prepararme para salir de casa, le daba un beso a mi madre, y ella me devolvía una caricia en la frente, entonces me despedía diciendo “Que tengas un lindo día”, convencida de mis certezas salía a la calle con la mejor sonrisa en el semblante, a punta de escopeta me esperaban en la esquina los lacayos del poder para borrarla con sus insultos, pero nada importaba, mis ganas de que los demás sonrieran importaban más. En vista y considerando la miseria del transporte público preferí pedalear, consciente del egoísmo decidí que cada uno de mis gestos y actitudes debían estar cargados de solidaridad activa para con los míos, en conocimiento del arraigo a las riquezas que tenían los poderosos decidí fomentar mi consciencia de clase y pensándolo mejor comencé a aceptar la violencia de algunos de los míos como medio de hacer notar el descontento, pero jamás como un fin en sí; pese a eso, mi arma era otra: La Sonrisa.
Cuando ellos se dieron cuenta de mi obstinación (y como lo tenía previsto) comenzaron a seguirme, a hostigarme, a criminalizar aún más las sonrisas y a todos quienes sonrieran en la vía pública; pero no me rendí, seguí sonriendo y entre los míos se comenzaron a expandir y producir (jamás reproducir) sonrisas. Los que vivían éste lado de la realidad se enteraron de mis planes, entonces dejaron de ser míos y la subversión de la sonrisa comenzó a ser nuestra, de nosotros y para nosotros, en contra de ellos, los del otro lado, los que nos explotan y maltratan día a día.
Yo no soy hippie, y ésta no fue, no será y no es la revolución de las flores y de la marihuana, de la inconsciencia ni de la moda. La subversión de la sonrisa será nuestra arma para burlar la autoridad, para apoyar a nuestros compañeros y para cambiar el orden actual de las cosas, para alejarnos del consumismo, para liberarnos y para ser felices.
Cuando nuestra subversión cumplía 365 días de existencia en la praxis transformadora, me mataron. Sé que quizás no hayamos logrado mucho, pero aprendimos a soñar, a luchar, a pensar y a creer en nosotros, aprendimos que vivimos en un mundo polarizado en el cuál hay una lucha antagónica a diario, aprendimos que somos distintos, y que ellos, los otros, han hecho que el precio de la felicidad sea inalcanzable; pero también aprendimos a no regirnos por sus estándares y a conseguir la felicidad por otros medios, no por la satisfacción de nuestros deseos superficiales, sino por la lucha constante por subvertir el innoble orden presente.
No creemos que el mundo cambie con una sonrisa, creemos que cuando se toma consciencia del significado que tiene ésta dentro de un mundo violento, miserable y viciado, lo que cambia es la mentalidad y las acciones que llevan a que la sonrisa rebelde se dibuje en el semblante a diario.
Dedicado a los míos, a los que acompañan a diario y a los que no también, a los que regalan las mejores sonrisas del cielo y a los que han estado junto a mí con sus imparables cuestionamientos. Dedicado a los inconformistas, a los que esconden la cara y extienden la mano.-
