miércoles, 9 de octubre de 2013

MUTILASTE

Un cuerpo lleno de cicatrices, es un cuerpo fuerte, que ha podido resistir a las heridas.

Obtusamente, contra viento y marea, el pájaro sigue volando con la mirada de los pumas posada en su nuca. No pudieron las fieras matar al ave y beber su sangre.

Ha escapado de sus garras y se ha reivindicado en consecuencia con lo esencial e inmutable. Y aunque contradictorio, el espíritu vence. 

Herido y adolorido, el pájaro pudo volver al nido, recoger el amor necesario, la sabiduría suficiente y el canto primitivo para seguir volando y construyendo.

No pretende matar a las fieras, no porque sea difícil y las condiciones adversas se expresen en tamaño y anatomía. No lo hace porque no quiere hacerlo, porque tiene memoria y en consecuencia con ello el perdón no es opción.

Las heridas hablan. SÍ OCURRIÓ. Prohibido negarlo, prohibido camuflarlo, prohibido olvidarlo y perdonarlo. 

Un cuerpo lleno de cicatrices, es un cuerpo fuerte, que no se dio por vencido y decidió enfrentar la realidad, que no se negó y se obstinó con seguir viviendo.

Hoy el plumaje es más hermoso y los pumas miran desde abajo el vuelo del ave.
Un cuerpo lleno de cicatrices es un cuerpo fuerte. 

lunes, 4 de marzo de 2013

Deseo


Deseo mirarte cada noche antes de dormir; vivir una y otra vez la maravillosa sensación de que no nos hemos equivocado, que la vida sabía que nuestros caminos debían juntarse, porque entre las caricias y los besos siempre hay un espacio para el pensamiento y la crítica, para nuestras ganas inmensas de cambiarlo todo, de ser cada día más íntegros, de ver arder a nuestros enemigos, de defender a nuestra manada con uñas y dientes. Deseo nombrar esta chispita que me lleva a contemplarte horas enteras, deseo sentir cada mañana el mismo ardor en el pecho al verte dormir a mi lado.

Deseo no limitar, ni definir, pero si nombrar, con todas sus letras el sentimiento que impera en mi cuerpo entero. Deseo aseverar que sé cómo se llama, pero temo ensuciarlo. Y bueno, nuestro fuego lo limpia todo y no me permito limitar mis sentimientos, los mismos que me abren el pecho y en la fuga gritan: ¡Es amor! ¡Es amor!

¡Qué va! No hay tiempos, ni momentos,  aquí es siempre, aquí siempre es posible, aquí sentimos de verdad. Y bueno sí, es amor, pero no es cualquier amor. Este es un amor loco y puro, amor que no se conforma con sentirse y escribirse, que quiere desnudarse y gritarse, explorarse y convertirse en fuego, para encender mi mirada en la tuya, para seguir haciendo lo que nos llena, para seguir complementándonos en el caminar, dándole ritmo a nuestros pasos y haciendo de este viaje juntos una aventura maravillosa.

Deseo dar muchísimos pasos a tu lado, crecer cada día más, amarte en lo simple y en lo complejo, crear caminos donde todos ven ruinas. Deseo que el mundo completo sepa –aunque jamás me haya importado- que soy la mujer más plena y feliz del mundo, porque a mi lado camina el compañero más leal e íntegro, porque él llena todos los espacios, porque vino a cambiarlo todo, a subvertirlo todo, a enamorarlo todo. Mi ser por completo ama tu existencia cariño.-

domingo, 24 de febrero de 2013

Sucede

Esa noche caminé rápido hacia la avenida, sabía que estaba atrasada, no era un compromiso formal, pero tenía un nerviosismo inexplicable. Al llegar al lugar acordado respiré tranquila, yo había llegado primero; de modo que me senté a esperar en el paradero, de pronto, divisé un bus verde a la distancia y los nervios volvieron, me puse de pie, caminé hacia el bus que se detenía pasado el paradero y lo vi bajar. Se acercó, me miró, estiró sus brazos y me dijo: "Dame un abrazo fuerte". Yo morí, una y otra vez, sin detenerme a pensarlo bien. 

Así podría comenzar una historia, pero la verdad es que no me interesa hacer una crónica de cómo se sucedieron los hechos que desencadenaron la sonrisas más claras y sinceras, los abrazos más poderosos y los momentos más mágicos. De modo que me limitaré a confesar en estas escuálidas líneas todo lo que acá sucede. 

Sucede que llegó, sí, el mismo que se bajó de un bus verde la noche de un viernes con la mochila llena de historias y el alma dispuesta a una buena conversación, el mismo que no causó estragos hasta que mis ojos divisaron sus manos y el nerviosismo afloró por mis poros hasta el punto del terror. Sí, llegó el que me exhorta a seguir viviendo, me llena de energías, me escribe textos inusuales -en lugares inusuales- y que al caer la noche; deja que me acurruque sobre su pecho para seguir soñando, ahora, con los ojos cerrados.

Sucede que todo ha valido la pena, y que ya no sueño con dejar de dormir sola y despertar abanicando su mirada. Sucede que los sueños se hicieron realidad en el momento mismo del primer abrazo y se han ido afirmando paso a paso con los días, las noches y las tardes de cariño sincero y dibujos de colores. Sucede que la complicidad nos envolvió y comenzamos a prescindir de las palabras, para dedicarnos por completo a mirarnos a los ojos.

Sucede que hoy, le grito al mundo que no hay nada que esconder, que somos y estamos, dispuestos a seguir luchando por lo que queremos, por lo que nos hace bien y por lo que creemos. Porque somos dos y uno... uno, dos y tres.- 


domingo, 17 de febrero de 2013

La Derrota


Los fantasmas me acechan; por las noches presionan mi pecho y no me dejan respirar, pero resisto, de modo que ellos deciden apretar mi cuello para que la acción esté completa, no entiendo por qué quieren matarme, si al parecer ya no vivo. No duermo, porque temo morir –definitivamente- en el intento de no soñar con ellos. De día las cosas no son distintas; ellos siguen interponiéndose en mi camino una y otra vez, entrando en mi memoria sin permiso alguno, borrando de mis recuerdos cómo era que se vivía antes. Y es que ahora el sentido de la vida es luchar a diario para recordar por fin cómo pasaban los días antes de que ellos me atacaran, violentaran mi parsimonia y destruyeran todo lo que quería ser –y hacer-

No los culpo, ellos obedecen órdenes. Sí, son mis verdugos, pero el autor (¿?) intelectual de esta masacre cotidiana y estrepitosa es otra persona. Evidentemente acá no hay autor, un hombre no sería capaz de tramar tan perfecto plan. Ellos le deben obediencia a su creadora; la mayor enemiga de Clodoveo I, esa que se reunía con sus pares a masturbarse con palos de escoba, para olvidar el frío abismante del alma, aquella que en su infinita maldad ha podido controlar los deseos y acciones de miles de personas. Sí, es ella, parte del gremio que no se extinguió siquiera con cuatro siglos de persecución voraz.  Encantadora y vivaz ha logrado desestabilizar mi vida hasta el punto del terror.

Y ahora, llena de coraje me dirijo a ella, para declararle mi más profundo odio, para comentarle que por sus caprichos he vivido los peores días de mi vida, que destruyó mis sueños y mis ganas de construir algo hermoso, pero no logrará destruir mi integridad. Porque aunque resulte contradictorio, hoy vengo a rendirme, a decirle que me tiene como lo planeó: miserable y humillada. De modo que es innecesario que siga haciendo daño.

Estamos como quieres: mis fuerzas se han agotado, mis sonrisas se extinguieron en el intento de reproducirse una y otra vez y ya casi ni escribo, nada de lo que haga logrará re-encantarlo. Y él, lejos, en lo abstracto y lo concreto, ya no encuentra más escusas que lo ayuden a suavizar la infinita repulsión que de un día para otro comenzó a generarle mi presencia en su vida.

Me rindo, ya no puedo luchar contra los fantasmas, no puedo lidiar con la indiferencia y el desprecio. Acá me tienes; entregando mis últimas energías en la redacción de un texto que está destinado al fracaso, como cualquier cosa que salga de mí ser. Acá me tienes; con un nudo en la garganta que no me deja respirar y un revoltijo en la cabeza que me impide distinguir entre lo tangible y los delirios provocados por la impetuosa fiebre que me abrazó de un momento a otro.  Acá me tienes; odiándote más que nunca. Acá me tienes; con más angustia que en Diciembre, porque se ha amagado cualquier chispita de esperanza. Acá me tienes; rendida como nunca, cerrando un libro que desearía leer cada noche, poniéndole punto final a mis deseos de escribir una historia bonita, que no alcanzó ni para fábula. 

jueves, 14 de febrero de 2013

El mejor lugar

Hace tiempo que no sentía esta calma abrazadora; el viento indomable recorre mi cuerpo y mueve mi pelo que se desordena más que de costumbre, los rayos de sol iluminan mi rostro y la sombra de los cipreses gigantescos me entrega un pequeño refugio en la inmensidad de este paisaje que me hace sentir pequeña otra vez.

Es imposible no evocar las tardes de carcajadas y felicidad que viví en éste mismo sitio; corriendo desesperada, escuchando los cantos de mis abuelos e intentando abrazarlo todo. Cuando creía que todo estaba bien porque la familia se reunía bajo un árbol.

Hoy las preocupaciones ya no son las mismas, aprendí a caminar sola contra mi voluntad  hubiese deseado sentir la protección y el cariño irrestricto de la leona durante mucho más tiempo. Pero la vida es sabia y me entregó la fortaleza necesaria para combatir la soledad, al mismo tiempo que el destino iba poniendo en mi camino a gente hermosa que me ayudó a seguir la ruta. Y sí, debo reconocer que yo también puse de mi parte al dejar atrás a personas y situaciones que no beneficiaban mi viaje.

Así me construí; loca y sin reglas, sin moral ni culpas, a medias. Ayudada por el mismo destino al que maldije una y mil veces, lidiando con el infortunio y las buenas rachas.

El punto es que acá puedo escapar de -casi todo- menos de mi misma, de mis pensamientos y recuerdos, los mismos que me despiertan por las noches buscando un brazo en la cama para ahuyentar las pesadillas y bajar la fiebre. 

Anular la voz interna sería negarme a mi misma, de modo que la  mayor parte del tiempo me la paso luchando  con mis fantasmas, intentando matar el miedo y la inseguridad que me han hecho perder tanto.

Ahora, te hablo a ti; el pensamiento constante, la compañía que hace falta, la mirada que añoro y las sonrisas que sueño cada noche.

La primera vez que te escribí -el veinticinco del once del año en que nada acabó- ni siquiera se cruzó por mi cabeza la idea de que te convirtieras en lo que hoy eres. Quizás el mundo conspiró a nuestro favor y pudimos significarnos y resignificarnos una y otra vez, en cada gesto y cada momento.

Hoy a dos días de volver a la urbe con la certeza de que nos veremos y la esperanza de que en nuestro encuentro puedas revivir la chispita de la felicidad compartida, añoro más que nunca tu presencia en mi vida, la compañía de tu cuerpo en la cama, la plenitud de la compenetración de nuestras almas, los ataques de risa, la pobreza compartida y el derroche de los buenos tiempos.

Hoy, vuelvo a sentirte cerca a pesar de las distancias, porque contigo aprendí a valorar los momentos compartidos para utilizarlos en el futuro cuando las cosas no anduvieran bien.

Hoy, me siento más segura que nunca de lo que quiero. Hoy, confío más que nunca en que tu cariño y el mio  volverán a encontrarse en un abrazo cómplice y una sonrisa compartida. Hoy, bajo un árbol centenario y aún sin mirarte, me pregunto qué sería de mi si no te hubiese conocido.

¡Que bonita es la vida! ¡Ah!?

martes, 5 de febrero de 2013

Próxima estación: La Esperanza

Al parecer la vida ha conspirado para que todos mis viajes comiencen con la nefasta sensación de que no puedo respirar; reflejada en la opresión del pecho que me hace pensar en la posibilidad de que no exista un mañana.

Y hoy, mi viaje comienza nuevamente de la misma forma, espero que en el camino la carga se arregle y las sonrisas vuelvan a florecer, para poder respirar tranquila e inhalar y exhalar bocanadas de aire puro, que logren limpiarlo todo, componer los huesos deshechos y devolver el ritmo cardíaco normal.

Como siempre el viaje tiene un sentido, y ésta vez haré lo posible por decantar todo lo malo y volver convertida en la sonrisa andante, las ganas de vivir y los ojos brillantes que un día me caracterizaron. Hoy viajo para ser mejor, para poder tomar el amor inmenso de mis abuelos y aprender algo de la vida.

Me llevo las sonrisas y los buenos momentos, ésta vez viajo cargada de esperanza sabiendo que al regreso todo puede cambiar. Porque somos aire y tenemos que volar. Me llevo tu aroma impregnado en la piel para no olvidar lo bien que se siente dormir a tu lado, me llevo el ritmo de tus extrasístoles aisladas para darle sentido a la locura de mis arritmias, me llevo la cadena que te protege desde el viaje al altiplano para no sentirme vulnerable ante los fantasmas, me llevo tu risa y las ganas de construir juntos. Porque acá nada termina compañero.-

jueves, 31 de enero de 2013

MENTIRA

No puedo con ésto, quisiera tener las palabras precisas para dibujar el momento, para ser más sincera, para no quedarme callada. Pero las palabras y la inspiración se quedaron pegadas en el pecho, y por más que ejercen presión para salir de allí yo soy incapaz de mostrarles el rumbo correcto, de tomarlas, sanearlas y ordenarlas a mi modo. Quisiera extirparlas, decirles que me dejen de joder, quedar vacía un rato, no sentir su peso, dejar de cuestionarme y seguir caminando como si nada pasara. Porque aquí no ha pasado NADA.

Y no, ellas son más corajudas que yo y más caprichosas que cualquiera. Ahora mismo comienzan a salir sin permiso, a posicionarse en el papel a su antojo, sin permitir análisis o revisión, se escapan de la cárcel del pecho, para encerrarse en el papel que esperan las libere  tarde o temprano.

Y me delatan, porque desean ser leales con el alma, me obligan a declarar que sí sé mentir, que he mentido cada vez que bajo palabra de honor digo que no espero.

Porque sí espero y siempre ha sido así. La vida misma se convirtió en una espera eterna, que justo al momento de la agonía encontró lo que esperaba... y siguió esperando para convencerse de que valía la pena la espera. Veintiún años mantenidos en el sigiloso ritmo esperanzado de que algún día llegaría

Y al verle tan distinto, tan íntegro y sereno, tan capaz de transformarlo todo, me puse una armadura y me comporté como una idiota. Después de todo, sabía que la armadura se oxidaría con la humedad de sus labios y el brillo de mis ojos. Y así fue; entonces decidí que la espera había valido la pena, que cada gesto suyo me llenaba de vida y me invitaba a la muerte de todos los fracasos, caídas y malos momentos.

Hoy la espera no desea abandonarme, me obliga a hacer cosas que no quiero, a desconocerme. ¿Cuando iba a pensar que me desesperaría por una palabra que caprichosamente he inventado?

¿Por qué estas palabras me obligan a decir lo que no quiero?

Desearía mantenerme incólume ante las ausencias, las carencias y los malos momentos, pero no puedo; siempre espero más.

¡Que mentirosa soy! ¡Sigo esperando! Que tu polo se derrita, que la frialdad no me congele, que las carencias no puedan con nosotros, que volvamos a sonreír.

Sigo esperando dejar de sentir ésto. Que nefasto es inventar que me detestas solo porque no me aseguras lo contrario. Que asquerosa me siento al pensarlo. Tan común, tan corriente, tan como las demás.

He sido injusta, he puesto en tu figura sentimientos que no te han acechado. Debo aprender a vivir sin prejuicios, debo dejar de pensar para no malinterpretar tus gestos una vez más. Debo volver a gritar que te quiero, que me siento orgullosa, que el corazón no me cabe en el pecho.

Debería contarte que no eres una estación, sino el destino mismo; que no eres equipaje, sino el compañero de asiento que siempre esperé.

¡MALDITAS PALABRAS! Me dejaron desnuda una vez más.-