EL SITIO DÓNDE LA ALTANERA Y FUGAZ QUE SONRÍE A DIARIO, SE DA EL TIEMPO PARA LLORAR Y SER INFINITA, PARA CONFESAR QUE SUEÑA CON NO DORMIR SOLA Y DESPERTAR ABANICANDO TU MIRADA... ESO Y ALGO MÁS.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Máximo
martes, 11 de septiembre de 2012
Pétalo
lunes, 30 de abril de 2012
Tú
sábado, 10 de marzo de 2012
TRIP
Y desde que la luna conspiró a nuestro favor ya nada es lo mismo, la sonrisa en el semblante se ha hecho común y no es extraño verme rondando tu mirada, intentando encontrarte una vez más y reproducir nuevamente las sensaciones más maravillosas, es que tu me das fuerzas para seguir volando. Tengo la certeza de que nuestro viaje valdrá la pena, porque la complicidad que nos envuelve es inigualable, porque tus ojos no me mienten y porque presiento que sobre tu pecho el alma no sentirá frío. Lo digo ahora y lo repetiré hasta el cansancio, no me importa que la magia termine mañana, el presente es lo mejor.-
sábado, 12 de noviembre de 2011
¡Que nadie detenga esta locura!
Mientras el bus salía del puerto y me llevaba de vuelta a la siempre nefasta capital; miré hacia atrás y vi que el sol ya se escondía entre los cerros para juntarse con el mar una vez más y tu no estabas, entonces comprendí que te transformaste en el pensamiento constante, en la despedida infinita, en la ausencia más dolorosa de todas, en el anhelo de un abrazo completo, en estas ansias por encontrarte caminando por alguna curvada callejuela. Pero otra vez no estás y como siempre te siento más dentro que nunca, entonces, juro una y otra vez que vale la pena pensar tu sonrisa, tus ojos expresivos, tu perfecta nariz, tu espalda ancha y tus brazos firmes que intentan sujetar la poca humanidad que nos va quedando, porque si no te pensara cariño mío, si mi integridad no supiese de tu existencia, éste amor por las casas a punto de caerse de los empinados cerros no tendría sentido y nada justificaría ésta locura, ésta hermosa locura que me hace viajar a tus confines para sentir lo nuestro una vez más.
Si no supiera tu nombre, cariño mío, no sabría a que huele la felicidad, ni como se sienten las mañanas esperando juntar nuestras miradas, ni cuánto amor hay dentro para entregarte incondicionalmente. Si no supiera tu nombre, cariño mío, no sabría reconocer el mío en un suspiro agobiado. Y es que me he convertido en lo que soy cuando nos completamos y es maravilloso, sí lo es, porque nada me hace más feliz que gritar tu nombre a los cuatro vientos contemplando tu mirada que pide a gritos que no le cuente al mar el secreto de tanta felicidad. ¡Ay! Cariño mío, si no pudiese gritarle tu nombre al puerto, ésta ciudad creería que la amo a ella, pero acá hay solo una calle para mí, solo una casa, solo una puerta y solo una sonrisa que me llena de vida, acá no hay nadie más que tú y tu maravillosa presencia.
Entonces, aunque el bus avance en el sentido contrario de mi felicidad, miro hacia afuera con el semblante sonriente y te nombro una vez más, para recordarle a mi demente espíritu que por nosotros cualquier esfuerzo vale la pena, y sin pensarlo le vuelvo a gritar al mundo: “Que nadie detenga esta locura”
domingo, 7 de agosto de 2011
eternamente.-
“Desde niña me han gustado las plantas y sobre todo las flores, de los pocos años que fui al colegio recuerdo las poesías y los cantos, el esmero de mi maestra por conseguirme un delantal y los juegos con mis compañeras en la casa que formaban las bellas hortensias… luego mi tía me sacó de la escuela porque creía que sólo aprendería a escribir cartas de amor, si mi abuelita hubiese estado conmigo yo sería muy inteligente… ¡Ay! Cuanto amé a mi abuelita, ¿Y cómo no amarla? Ella lo dio todo por mí, hasta el último de sus días” (mamá)
Jamás podría olvidar nuestras conversaciones al calor del fogón de la cocina, es que la sazón de la comida diaria la daban las anécdotas de su vida, las largas historias contadas con lujo de detalle, las lágrimas, los cantos eternos, los chistes y nuestra compañía. Solíamos pasar horas en aquél lugar hablando de la vida, riéndonos de las locuras del tata o cantando a dúo. Recuerdo que mi mamá le dejaba una lista de palabras pegadas en el mueble para que ella me las dictara y yo era tan feliz, porque ella se sentía orgullosa con cada acierto gramatical mío… pero cuando en el mueble habían operaciones matemáticas ambas sabíamos que debíamos alargar la conversación lo más posible para que la hora se pasara volando y las operaciones no tuvieran solución.
Cada mañana subía a mi dormitorio con una vasija llena de agua tibia y me decía: “Ya huachita, a lavarse la cara y levantarse porque vamos a hacer el almuerzo” y yo comenzaba mi día de lo más sonriente porque sabía que luego del lavado venía el peinado, y mi mamamama siempre fue la más delicada con mi larga y enredada cabellera. Con sus manos tiernas dividía mi pelo en dos partes y sus dedos corroídos por la artritis trenzaban, mientras cantaba una canción o me contaba las locuras que mis primos habían hecho mientras yo estaba en el colegio. A la hora de almuerzo ambas sufríamos porque el tata se enojaba cuando yo no comía la carne y ella, siempre tan parsimoniosa me explicaba que en África habían niños que se morían de hambre, claramente yo contestaba alguna tontera justo cuando mi mamá llegaba a la casa y el almuerzo terminaba con un reto gigante, una pequeña llorando y con mi mamamama retando a mi mamá por hacerme llorar.
Así recuerdo mi infancia… repleta de ella en cada rincón. ¡Ay! Cuanto amo a esa mujer chiquita que me canta y me hace feliz, cuanto sufrí cuando partió a vivir al litoral para descansar de esta asquerosa ciudad, cuanta falta me hacen sus cariños en la cabeza, cuantas veces he gritado su nombre esperando que llegue de improviso a la casa y haga arroz con leche para comer antes de dormir la siesta.
La mamamama no se imagina que esta mujercita es lo que es gracias a ella, la mamamama no sabe que aún recuerdo cómo brillaron sus ojitos aquél día en que dejé de llamarla mamamama para llamarla Mamá… pero ella está a punto de saberlo. Sin embargo, el mundo jamás sabrá de nuestro pacto de amor eterno, de nuestras cartitas y nuestros secretos, y aunque el mundo lo sepa, jamás podrá comprender que amo a esa viejita chica más que a todo lo existente y que por ella me levanto cada día, por ver sus ojos brillar una vez más al contemplar mi rostro diciendo “Lo logré mamá: Acá está la mujer que prometí ser; Libre e íntegra, con convicciones y sueños”
martes, 31 de mayo de 2011
El Fluir de la Consciencia

Hace varios meses que he estado auto-censurándome, la dinámica es la misma cada vez que intento escribir: Abro Word con la mente llena de historias e ideas mágicas para plasmar en papel, escribo dos o tres líneas, me desánimo pensando que al escribir estoy trasgrediendo mi privacidad y cierro la ventana sintiéndome frustrada. Es como si hubiesen cortado mis alas, esta sensación solo se compara al dolor que siente un cantante que ha quedado mudo…
Por suerte lo mío es pasajero y hoy estoy dispuesta a romper las cadenas que ataban mi mente. La verdad es que hoy no hay historias de romances furtivos, revueltas sociales, paseos por el puerto ni amores inclaudicables. En éste preciso instante sólo hay insomnio y relatos en primera persona.
Hace tres años, en ésta misma fecha contaba los días que faltaban para terminar el colegio y por fin dejar atrás la rutina escolar. Es que nunca he sido muy dada a los estudios impuestos, soy más bien autodidacta, y cada vez que me fijaban una prueba y me leían los contenidos que debía estudiar se comenzaba a engendrar en mí un odio generalizado hacia la institución escolar, y no sólo eso… Odié casi todas las mañanas en las que debía despertar para ir el colegio usando un jumper incómodo, y digo casi todas porque a pesar de mi aversión por la escuela y quiénes la componían cada miércoles desperté de buen humor sabiendo que en medio de la semana administrativa había un rincón para echar a volar la imaginación.
Si mal no recuerdo, las cuatro primeras horas pedagógicas de cada miércoles tenía clases de Lenguaje y Comunicación, divididas entre taller P.S.U y la asignatura como tal. Creo que “el ramo” me gustaba porque era uno de los pocos en el que yo destacaba como un plumón dentro de un estuche lleno de lápices, quizás esa sea una falacia y yo era mediocre como el resto, pero qué más da, quiero creer que era una estudiante sobresaliente.
Me entretenía haciendo los ejercicios de las guías P.S.U porque terminaba antes que el resto y esperaba que Ingrid terminara para hacernos gestos ridículos con la cara, hasta que la profesora nos decía que por favor nos detuviéramos ya que distraíamos a las demás compañeras. ¡Qué clases Aquellas!
Cuando salí de cuarto medio y me enteré de los mágicos resultados obtenidos en la Prueba de Selección Universitaria no lo dudé ni un segundo y postulé: “Pedagogía en Historia y Geografía” fue mi primera y única opción… claramente postulé a distintas universidades comenzando por el ex-Pedagógico para completar las 8 postulaciones que ilusamente creí eran obligatorias.
No evoco estos momentos porque quiera volver al Colegio ni porque extrañe a mis compañeras… no he relatado azarosamente esta serie de acontecimientos para lograr que la lectura se haga tediosa y ustedes digan “Sí, está bien. Esta demente volvió a escribir. Un aplauso para ella”. Me he dedicado a contarles esto porque necesito que sepan que ésta iba a ser una noche normal; mi madre cerró el negocio a las 10 y se fue a su casa, yo preparé una limonada caliente y subí a mi dormitorio creyendo que la bebería y me quedaría dormida de inmediato. Para mi sorpresa, nada salió como lo planeaba y luego de beber la limonada, me dispuse a dormir, en ese mismo instante un montón de pensamientos e imágenes atacaron mi mente… fue el fluir de la consciencia en la praxis misma.
¿La imagen más repetida? ¡Qué locura! Mi querida profesora de Lenguaje y Comunicación, con su blusa color Calipso y sus pantalones negros, tal y cómo iba vestida el día en que nos enseñó las técnicas literarias. Con cuánto cariño explicó una y otra vez qué era el fluir de la consciencia, cuántas veces la escuché respirar hondo para continuar explicando, cuánta ternura tenían esos ojos grandotes que nos miraban desafiantes…
¿Qué sucedió después de eso? Bueno, después de eso comprendí porque gasto mi vida estudiando Pedagogía en Historia y Geografía. ¿Acaso no está claro? Siempre he amado la historia, pero más de alguna vez coqueteé con la Literatura. La mujer de los ojos grandes y la sonrisa amplia me enseñó el verdadero significado de la pedagogía y vislumbrando que jamás la superaría en su área opté por pasar largas horas de mi vida estudiando el pasado e intentando, al mismo tiempo, que el presente no se me escape de las manos.
¿El significado de todo esto? La consciencia no me dejaría tranquila hasta que no recordara lo mucho que amo a la Literatura y lo triste que se sentiría mi querida Paula al ver que yo misma me he coartado todo este tiempo.
El día no podía acabar igual que los demás: Con una hoja en blanco y una muchacha frustrada. Hoy le he dado vuelta la mano al destino. No sé por qué motivo justo hoy se ha asomado su sombra en mi memoria, sólo sé que la extraño muchísimo y que no puedo dormir, ya que extrañarla y dormir no son actividades complementarias.-