martes, 31 de mayo de 2011

El Fluir de la Consciencia

Hace varios meses que he estado auto-censurándome, la dinámica es la misma cada vez que intento escribir: Abro Word con la mente llena de historias e ideas mágicas para plasmar en papel, escribo dos o tres líneas, me desánimo pensando que al escribir estoy trasgrediendo mi privacidad y cierro la ventana sintiéndome frustrada. Es como si hubiesen cortado mis alas, esta sensación solo se compara al dolor que siente un cantante que ha quedado mudo…

Por suerte lo mío es pasajero y hoy estoy dispuesta a romper las cadenas que ataban mi mente. La verdad es que hoy no hay historias de romances furtivos, revueltas sociales, paseos por el puerto ni amores inclaudicables. En éste preciso instante sólo hay insomnio y relatos en primera persona.

Hace tres años, en ésta misma fecha contaba los días que faltaban para terminar el colegio y por fin dejar atrás la rutina escolar. Es que nunca he sido muy dada a los estudios impuestos, soy más bien autodidacta, y cada vez que me fijaban una prueba y me leían los contenidos que debía estudiar se comenzaba a engendrar en mí un odio generalizado hacia la institución escolar, y no sólo eso… Odié casi todas las mañanas en las que debía despertar para ir el colegio usando un jumper incómodo, y digo casi todas porque a pesar de mi aversión por la escuela y quiénes la componían cada miércoles desperté de buen humor sabiendo que en medio de la semana administrativa había un rincón para echar a volar la imaginación.

Si mal no recuerdo, las cuatro primeras horas pedagógicas de cada miércoles tenía clases de Lenguaje y Comunicación, divididas entre taller P.S.U y la asignatura como tal. Creo que “el ramo” me gustaba porque era uno de los pocos en el que yo destacaba como un plumón dentro de un estuche lleno de lápices, quizás esa sea una falacia y yo era mediocre como el resto, pero qué más da, quiero creer que era una estudiante sobresaliente.

Me entretenía haciendo los ejercicios de las guías P.S.U porque terminaba antes que el resto y esperaba que Ingrid terminara para hacernos gestos ridículos con la cara, hasta que la profesora nos decía que por favor nos detuviéramos ya que distraíamos a las demás compañeras. ¡Qué clases Aquellas!

Cuando salí de cuarto medio y me enteré de los mágicos resultados obtenidos en la Prueba de Selección Universitaria no lo dudé ni un segundo y postulé: “Pedagogía en Historia y Geografía” fue mi primera y única opción… claramente postulé a distintas universidades comenzando por el ex-Pedagógico para completar las 8 postulaciones que ilusamente creí eran obligatorias.

No evoco estos momentos porque quiera volver al Colegio ni porque extrañe a mis compañeras… no he relatado azarosamente esta serie de acontecimientos para lograr que la lectura se haga tediosa y ustedes digan “Sí, está bien. Esta demente volvió a escribir. Un aplauso para ella”. Me he dedicado a contarles esto porque necesito que sepan que ésta iba a ser una noche normal; mi madre cerró el negocio a las 10 y se fue a su casa, yo preparé una limonada caliente y subí a mi dormitorio creyendo que la bebería y me quedaría dormida de inmediato. Para mi sorpresa, nada salió como lo planeaba y luego de beber la limonada, me dispuse a dormir, en ese mismo instante un montón de pensamientos e imágenes atacaron mi mente… fue el fluir de la consciencia en la praxis misma.

¿La imagen más repetida? ¡Qué locura! Mi querida profesora de Lenguaje y Comunicación, con su blusa color Calipso y sus pantalones negros, tal y cómo iba vestida el día en que nos enseñó las técnicas literarias. Con cuánto cariño explicó una y otra vez qué era el fluir de la consciencia, cuántas veces la escuché respirar hondo para continuar explicando, cuánta ternura tenían esos ojos grandotes que nos miraban desafiantes…

¿Qué sucedió después de eso? Bueno, después de eso comprendí porque gasto mi vida estudiando Pedagogía en Historia y Geografía. ¿Acaso no está claro? Siempre he amado la historia, pero más de alguna vez coqueteé con la Literatura. La mujer de los ojos grandes y la sonrisa amplia me enseñó el verdadero significado de la pedagogía y vislumbrando que jamás la superaría en su área opté por pasar largas horas de mi vida estudiando el pasado e intentando, al mismo tiempo, que el presente no se me escape de las manos.

¿El significado de todo esto? La consciencia no me dejaría tranquila hasta que no recordara lo mucho que amo a la Literatura y lo triste que se sentiría mi querida Paula al ver que yo misma me he coartado todo este tiempo.

El día no podía acabar igual que los demás: Con una hoja en blanco y una muchacha frustrada. Hoy le he dado vuelta la mano al destino. No sé por qué motivo justo hoy se ha asomado su sombra en mi memoria, sólo sé que la extraño muchísimo y que no puedo dormir, ya que extrañarla y dormir no son actividades complementarias.-

viernes, 21 de enero de 2011

Esperanza

Cuando supe que la Esperanza venía en camino, fui la mujer más feliz del mundo, los problemas vinieron después; la decepción de la familia, los sueños a medio terminar y las miradas en la calle, a nuestro favor estaban la felicidad de su papá, el apoyo de los amigos y el cumplimiento de mi mayor deseo. Nunca pensamos que seríamos tan buenos padres, siendo tan mala pareja, pero pudimos hacerlo, al fin y al cabo sí había amor, la Esperanza nos demostró eso.

Nunca fuimos la pareja perfecta, desde el principio nuestra relación fue tormentosa, pero algo me decía que a pesar de los problemas debía continuar intentándolo. Su familia me adoraba, decían que cuando él estaba conmigo se metía en menos problemas; y mi mamá declaraba que él era mi hijo, no mi compañero. Luchamos harto para estar juntos y la verdad es que la Esperanza fue más premeditada que el golpe de estado. Él siempre me decía “Tu vas a ser mi mujer toda la vida, y para asegurarme de eso, te voy a dejar embarazada, y si algún día nos separamos, no podrás escapar de mí porque te haré el amor cuando vaya a ver a nuestro hijo” y luego de eso reíamos a carcajadas, su mirada se clavaba en mis ojos y más seriamente decía “En verdad quiero que seamos papás”.

Dejé de tomar pastillas en Abril, queríamos que la Esperanza naciera en Febrero, el mes que nos conocimos en las Heras y nos enamoramos en la casa vieja.

Así fue, nuestra hija nació en Febrero y es cómico porque tenemos celebraciones de cumpleaños los tres primeros meses de cada año; primero yo, luego la Esperanza y en Marzo él, entonces el primer trimestre es el más dulce, regalón y significativo del año para nuestra mini familia.

Somos felices, nos queremos harto y nuestra hija ilumina todos y cada uno de nuestros días. Crecimos juntos y maduramos juntos. Nos hemos equivocado mucho, pero también hemos sabido arreglar nuestros problemas en conjunto. Creo que un hijo, más que una bendición, una luz de vida, y todas esas cosas cursis, es un ser humano que necesita vivir plenamente feliz y libre, no hacer como que vive y aparentar felicidad, en ese sentido, los padres aprenden a hacer felices a sus hijos a base de ensayo y error. Hay padres malos... más malos que la mierda... pero hay padres que son pulentos... como nosotros, porque la Esperanza nos lo dice a cada rato, porque su sonrisa es la más bonita y porque siempre la quisimos... desde el día en que el mundo conspiró a nuestro favor (…)

Bonita historia, ¿Cierto? Lamentablemente las cosas no fueron así y a pesar de que él y yo la esperamos desde siempre, nuestros arrebatos jugaron en contra, los problemas de la cotidianeidad desgastaron nuestra relación y terminaron por destruirla. Cada uno tomó su camino y la Esperanza quiso llegar en el peor momento. Me dolió demasiado tener que hacerlo… fue la decisión más difícil que he tomado… pero acostumbrada a ir en contra de la corriente, decidí que debía seguir su camino… todas las noches pensaba en cómo sería nuestra vida juntas, mi mejor amiga y mi mamá estaban chochas preparándolo hasta el más mínimo detalle. A pesar de todo, queríamos que llegara pronto, pero mi hija me ama tanto que prefirió alojarse en el sector incorrecto de mi útero y esperar el momento más adecuado para hacerme la mujer más feliz del mundo… me costó superarlo, pero sé que hay acertijos del destino que son imposibles de descifrar.

Su futuro padre, el porteño, y yo sabemos que algún día nuestros caminos se volverán a juntar para que llegue la Esperanza a nuestras vidas, por el momento… estamos trabajando para ella.-

jueves, 4 de noviembre de 2010

"Defender la sonrisa, a punto de llorar"

Cómplice del desatino, bajando en espiral, buscando horas perdidas en la búsqueda de lo imposible, improvisando palabras e hilando malas ideas me fui perdiendo en el miedo, la frustración y esa compañera que no abandona… creo que le llaman soledad. Entonces empecé a disfrutar esos momentos en los que me refugiaba en la mismidad de un sueño sin cumplir y el resto importó cada vez menos.

Dicen que cuando me di cuenta ya era tarde y el mundo entero había abandonado las utopías por considerarlas carentes de efecto inmediato. Entonces me sentí culpable (en cierta medida) de una situación generalizada de desánimo y conformismo, accionista del pesimismo enraizado en los semblantes cansados y constructora de un mundo en el que la rutina consumía día a día un poco más los cerebros de aquéllos autómatas llamados seres humanos.

Acostumbrada a cuestionarlo (casi) todo, volví a darme un tiempo para pensar, para pensarme, ésta vez como parte de un todo, pero no de cualquier todo, me pensé como parte de un todo que no me convencía, que no me gustaba y que por sobre todas las cosas que no me hacía feliz, parte de un todo egoísta, avasallador, miserable y convulsionante.

Esperé, me senté día a día a observar la realidad, vi como las personas se sumían en sus problemas sin importar que la otredad también los tuviese, vi como las sonrisas comenzaron a escasear y los abrazos se fueron agotando poco a poco, pude presenciar la falta de caricias y la abundancia de besos sin sentido, besos como medio de pago, besos para el reconocimiento social. Observé cómo nos observaban, fue asquerosa la escena, un todo superior anotaba cada caricia para luego, enviar una multa al acariciante y al acariciado. Los golpes, las malas palabras, los vicios (y prejuicios) se volvieron cada vez más comunes, cada vez más naturales y propios de éste “nuevo mundo”.

Entonces, recordé antiguas conversaciones con los amigos, conversaciones cargadas de idealismos y convicción, recordé un pasado que no distaba mucho de ésta absurda realidad, pero que soñaba con cambiarla para construir un futuro mejor. Recordé las palabras que mi abuela pronunció en el sillón mientras me hacía cariño, alguna vez, hace mucho tiempo atrás: “Defender la sonrisa, a punto de llorar”. Y en ese mismo instante encontré la clave: “Subversión”, en el más puro sentido de la palabra.

Sub- versión; implica la creación de una versión y visión diferente de las cosas, por debajo de la versión oficial impuesta por el poder y vociferada por los poderosos. A diferencia de lo que éste “todo superior” (desde ahora en adelante llamado poder) nos quiere hacer creer, subvertir la realidad es darle un sentido distinto a ésta misma, lo que no implica necesariamente trastorno, revuelta ni destrucción. Subvertir la realidad es cuestionarse el orden presente y llevar a cabo acciones que sean benéficas para los nuestros, aunque estas resulten perjudiciales para el poder.

Y como los golpes y la violencia se habían convertido en la principal arma de los poderosos para mantener enajenados a los míos, no era posible responder de la misma manera, el status quo ya era violento, de modo que más violencia no solucionaría nada, o casi nada en el plano de las mentalidades. Lo que faltaban eran besos de verdad, abrazos, gestos, miradas y caricias sinceras. “La subversión de la sonrisa” fue el plan.

Comencé por despertar más temprano, por la mañana luego de bañarme y prepararme para salir de casa, le daba un beso a mi madre, y ella me devolvía una caricia en la frente, entonces me despedía diciendo “Que tengas un lindo día”, convencida de mis certezas salía a la calle con la mejor sonrisa en el semblante, a punta de escopeta me esperaban en la esquina los lacayos del poder para borrarla con sus insultos, pero nada importaba, mis ganas de que los demás sonrieran importaban más. En vista y considerando la miseria del transporte público preferí pedalear, consciente del egoísmo decidí que cada uno de mis gestos y actitudes debían estar cargados de solidaridad activa para con los míos, en conocimiento del arraigo a las riquezas que tenían los poderosos decidí fomentar mi consciencia de clase y pensándolo mejor comencé a aceptar la violencia de algunos de los míos como medio de hacer notar el descontento, pero jamás como un fin en sí; pese a eso, mi arma era otra: La Sonrisa.

Cuando ellos se dieron cuenta de mi obstinación (y como lo tenía previsto) comenzaron a seguirme, a hostigarme, a criminalizar aún más las sonrisas y a todos quienes sonrieran en la vía pública; pero no me rendí, seguí sonriendo y entre los míos se comenzaron a expandir y producir (jamás reproducir) sonrisas. Los que vivían éste lado de la realidad se enteraron de mis planes, entonces dejaron de ser míos y la subversión de la sonrisa comenzó a ser nuestra, de nosotros y para nosotros, en contra de ellos, los del otro lado, los que nos explotan y maltratan día a día.

Yo no soy hippie, y ésta no fue, no será y no es la revolución de las flores y de la marihuana, de la inconsciencia ni de la moda. La subversión de la sonrisa será nuestra arma para burlar la autoridad, para apoyar a nuestros compañeros y para cambiar el orden actual de las cosas, para alejarnos del consumismo, para liberarnos y para ser felices.

Cuando nuestra subversión cumplía 365 días de existencia en la praxis transformadora, me mataron. Sé que quizás no hayamos logrado mucho, pero aprendimos a soñar, a luchar, a pensar y a creer en nosotros, aprendimos que vivimos en un mundo polarizado en el cuál hay una lucha antagónica a diario, aprendimos que somos distintos, y que ellos, los otros, han hecho que el precio de la felicidad sea inalcanzable; pero también aprendimos a no regirnos por sus estándares y a conseguir la felicidad por otros medios, no por la satisfacción de nuestros deseos superficiales, sino por la lucha constante por subvertir el innoble orden presente.

No creemos que el mundo cambie con una sonrisa, creemos que cuando se toma consciencia del significado que tiene ésta dentro de un mundo violento, miserable y viciado, lo que cambia es la mentalidad y las acciones que llevan a que la sonrisa rebelde se dibuje en el semblante a diario.

Dedicado a los míos, a los que acompañan a diario y a los que no también, a los que regalan las mejores sonrisas del cielo y a los que han estado junto a mí con sus imparables cuestionamientos. Dedicado a los inconformistas, a los que esconden la cara y extienden la mano.-

lunes, 11 de octubre de 2010

De la ausencia y de ti.-

Hace un año terminé de editar mi primer y único libro, único en todas las acepciones del concepto; único por su naturaleza, único por su exclusividad y por sobre todo único por la historia que se escribía tras su realización. La historia de una demente que por primera vez se atrevía a hacer lo que siempre quiso hacer, la historia de una muchacha llena de felicidad que en su camino había encontrado un compañero, un hombre perfecto que le había enseñado a dejar atrás sus miedos y avanzar con coraje en la vida, la historia de un hombre valiente que dejaba al descubierto los trazos más secretos de su vida ante la mujer de la sonrisa amplia que se perdía en su mirada cada vez que podía. Esa es y sigue siendo la historia más perfecta del planeta, cargada de amor y lealtades, de compañerismo y reciprocidad, de felicidad, de distancia, de recuerdos y de presentes que se conjugan en un mismo tiempo, el tiempo que los personajes principales de aquella historia han inventado para poder sonreír más y acongojarse menos, para salvarse cada vez que el destino los junta y para ser un poco más reales.

Hace un año también estabas de cumpleaños y también fui feliz, hace un año veía como se comenzaba a dibujar un lindo horizonte, y hoy con la misma sonrisa en la cara puedo presenciar cómo el horizonte se comienza a cristalizar, hoy y luego de una gran sequía ha vuelto a llover, he vuelto a escribir con el corazón agigantado como cada vez que escribo para ti.

Tengo la certeza de que caminando por Subida Ecuador y paseando por los inexorables confines del actual centro cultural “Ex Cárcel” recordaste los ojos vidriosos de la que hoy escribe pensando en tus sonrisas; conmigo está la absoluta convicción de que aquellos cerros nos acogerán en su vientre para ser más felices que antes; aún sigo creyendo que nos esperan los mejores momentos en la piedra feliz, en el cerro Toro, en la plaza Echaurren, en el roma, en avenida Argentina, en los recovecos del Cordillera, en la posmodernidad del Alegre y en la eternidad del nosotros.

Hoy, después de tanto camino recorrido y tan lejos de mis cerros la luna aún no ha podido encontrarme, entonces, supongo que has ganado tu apuesta y debes estar listo, porque te pasaré a buscar en un auto alado para que juntos sigamos viajando entre nuestros sueños, bordeando realidades que pronto están por venir.

Hoy, insisto en lo que dije hace un año: Gracias a ti por estar conmigo.-

lunes, 27 de septiembre de 2010

Un beso a la rabia

¡Ay! Como detesto esa corriente derrotista que suele asolar incluso al más fuerte, ese impulso de tirarse al suelo y convulsionar hasta el delirio, esa imperiosa necesidad de que el resto se entere del fracaso y vea lo mal que estás, para que un alma supuestamente buena venga a consolarte con una sonrisa mientras se sigue comiendo sus sentimientos. Porque la gente buena ayuda a la gente que está mal.

¡Ay! Como detesto esa tendencia a hacerse daño pensando en la estabilidad del resto. Cuanto le temo a esas actitudes precipitadas de la gente inestable que se arriesga a pensar en otro sin haber pensado primero en su mismidad.

¡AY! Cuánta rabia sobra y cuánto amor falta para terminar de escribir frases inconclusas que sólo serán leídas por unos pocos, para que el rumor se propague y algún día sus oídos se enteren de las enrarecidas palabras que articuló esta mente.

¡Ay! Como detesto escribir estas incoherentes líneas con la vista puesta en otros, sin ser capaz de articular palabras significativas para que cuenten lo que va adentro, lo que las actitudes ya han demostrado, lo que en miradas ha quedado cristalizado.

Ay! Cuán salvador sería un abrazo, un beso en la rabia que calme el rencor, una caricia a la sinceridad para que logre salir del pecho, una sonrisa al alma para que se entere de que ha llegado la primavera, una seña a la memoria, una pequeña vuelta al pasado para sembrar mejor y no cosechar el ahora. ¡Ay! Como sobran esas actitudes fingidas, que lástima da ver cómo lo que antes fue un código de complicidad hoy se repite por costumbre. Qué nostálgico resulta escribirle al viento esperando que algún día vuelva a ser ayer.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Manifiesto

No quiero dormir sola, nunca más, me niego a temerle al futuro y a seguir frustrada pretendiendo no querer, ahora falta lo de menos: a quién querer.

Sobran acompañantes, falta el compañero

viernes, 23 de julio de 2010

Blablabla

Yo recuerdo cuando las penas se pasaban sujetándome a tu mano y escapando del mundo en un suspiro, cuando éramos dos y tú eras uno y todo para mí, cuando volar era tan fácil que lo hacíamos a diario, cuando mi vida giraba en torno a tu figura y tu mirabas con esos ojos cómplices todas y cada una de mis locuras, cuando los árboles susurraban un romance y nosotros reíamos en sus caras… cuando las hojas secas eran un colchón perfecto para observar el cielo, juntos…

Yo recuerdo cuando te amaba con locura, y los demás envidiaban nuestro cariño, cuando todo era un secreto, incluso para mí, yo recuerdo que empecé a escribir por ti y para ti, yo recuerdo ese primer libro y las frases inertes que cobraban vida solo para nosotros “escribir con acentos para que ríamos” . Y recuerdo también ese día, en que dejé de lado el cumpleaños de mi madre, para sentarme a tu lado y escuchar la verdad, para sentirme morir por dentro y apoyarte con una sonrisa.

Y ahora, eso es lo que somos, solamente el recuerdo inerte de lo que algún día fuimos, de lo que creí que fuimos, infinitamente fugaces como la primera mirada, sublimes como aquél día en que sentí que se me iba la vida y la devolviste con una caricia, dementes como siempre, felices sólo como nosotros supimos serlo, eternos… no, eternos no fuimos, o eso intento asumir